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| Dos potencias se saludan. |
A los 38 segundos, los ‘merengues’ ya habían dado una muestra de que el partido de vuelta sería similar al de ida. Khedira presionó sobre la salida de Xavi y recuperó un balón a 15 metros del área catalana, entregó para Cristiano Ronaldo, quien remató y se topó con las manos de Valdés. Una llamada de atención para la defensa, pero sobre todo para Guardiola quien no sabía cómo evitar la presión merengue.
Con el correr de los minutos, el mejor equipo del mundo hizo más lento el traslado de pelota, y durmió al partido con un toqueteo intrascendente entre sus defensores. El Madrid, con el temor de no salir de más para no quedar mal parado atrás, miraba expectante y esperaba cada vez más cerca de su campo. A los 13 minutos, la cosa cambió. En uno de los toqueteos intrascendentes, el que tomó la pelota fue Messi, que encaró a Khedira, y luego de dejarlo en el camino habilitó a su socio Iniesta para dejarlo mano a pie antes Casillas. El Cerebro amagó con definir una vez, y sutilmente picó la pelota sobre la salida del portero blanco e hizo estéril su desparramo. Gol. Golazo.
El trámite del partido era raro. Caído en una meseta, no lograba cambiar de ritmo hasta que la tocó el rosarino. Messi es el mejor del mundo, y la vuelta fue otra demostración de aquello. La fabulosa asistencia para Iniesta, dejaba al Madrid al borde del knock out técnico. Los merengues necesitaban dos tantos para consagrarse, y esperar que en 75 minutos el Barcelona no viera portería.
El Madrid siguió con su idea de cuidar la pelota y, en cuanto se pudiera, ser vertical. Cristiano Ronaldo, como en todos los partidos importantes, no se lograba destacar y chocaba constantemente con un muy débil Dani Alves. Pese a aquello, tras la segunda jugada correspondiente a un tiro de esquina, el portugués desvió un disparo de Coentrão y consiguió su gol número 100 con la camiseta madridista; el tercero al Barça y el primero en el Camp Nou. 1-1 y muchas dudas por el lado catalán.
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| Messi le agradece a su abuela. Imagen vista millones de veces, pero nunca cansa. |
A la vuelta del entretiempo, Mourinho aplicó otra lección de táctica y sacó a un amonestado Khedira para darle lugar a Marcelo, que fue a jugar al lateral izquierdo, el sector de Coentrão. El portugués pasó a jugar de doble pivote, a la izquierda de Xabi Alonso. Otro problema que Guardiola no pudo solucionar. El rubio cortaba el juego cada vez más rápido y sobretodo más limpio que Khedira, lo que le imposibilitaba al elenco blaugrana hacerse de la posesión definitiva de la pelota. Benzema pasó a jugar de extremo izquierdo tras la entrada de Higuain en lugar de Di María. Aquí, el francés demostró que su técnica lo habilita para jugar fuera del área, y que el nivel de Cristiano Ronaldo durante toda la jornada había sido pésimo. Sin la velocidad del portugués, Benzema volvió loco a Dani Alves una y otra vez, pasándolo cuantas veces se le ocurriera encararlo. Una imagen muy similar a la que se vio durante el Paraguay-Brasil de la última Copa América, que le costó la titularidad al brasileño tras ser ‘paseado’ por Estrigarribia.
Pese a la tenencia del balón, el Madrid no lograba incomodar deliberadamente a Victor Valdes, que a no ser por un cabezazo que besó el palo de Sergio Ramos y alguna que otra aproximación de Higuaín o Benzema, no llegaba a transpirar. Sin embargo, tanta insistencia en aproximarse, dio su resultado. Kaka’ (que ingresó –muy tarde- por un desconocido Özil) desbordó una vez más a Dani Alves y consiguió un tiro de esquina, que colocó en el centro del área para que tras una serie de rebotes, Karim Benzema empujase a la red. 2-2 en el minuto 80. Gol. ¿Golpazo para el Barça? Preguntémosle a Messi.
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| "El primero" parece decir Messi, tras vencer a Casillas. |
Los merengues siguieron con su presión, aunque un poco más retrasados, quizá esperando el alargue para jugar otro partido en el alargue. Pero… una vez más apareció Messi, que tras un centro de, justamente, Fábregas luego de una pared entre Adriano y el mismísimo Cesc, le rompió el arco a Casillas para decretar el 3-2. Gol. Golazo. Golazo y campeonato.
Para el final quedó una bataola impresentable entre los jugadores, luego de una defenestrable entrada de Marcelo sobre Fábregas, a la cual se sumaron los ayudantes. Aquí se vio lo peor del espectáculo. Un Mourinho desacatado tiró por la borde su imagen, que no se alteraba por el resultado, y le metió un dedazo en el ojo al ayudante técnico de Guardiola. Despreciable.
Con la finalización del partido, el Barça se convirtió en supercampeón y dejó varias conclusiones: La primera, es que la temporada actual, al menos en los mano a mano entre Madrid-Barcelona, no será igual a la que se fue. La segunda, es que Mourinho, pese a ser derrotado, demuestra nuevamente que tácticamente no tiene un competidor a nivel mundial. Y la tercera, por suerte, es que los genios con la pelota dominada, superan cualquier esquema táctico y estratégico. Chapeau Barça, y a esperar una nueva Liga apasionante.




