lunes, 7 de noviembre de 2011

Almeyda, un tipo diferente.

Un tipo que se va de un club en donde jugó tres meses, anunciándoles a todos sus simpatizantes la clase de lacras que dirigen esa institución, las promesas incumplidas y aclare la situación para ‘no lastimar a nadie’, es un tipo diferente en el fútbol argentino.


Un tipo que se retira cuatro años, juega cinco partidos en la cuarta división de su país –por “hobby”- , lo echan en tres y luego vuelve a jugar como si nada hubiese ocurrido, siendo figura, líder y capitán de una de las instituciones más representativas de América, es un tipo diferente en el fútbol de nuestro continente.
Un tipo que se va al descenso por primera vez en 110 años de una de las instituciones futbolísticas más representativas de América, y 24 horas después asume el rol de director del grupo que tiene a cargo llevar a cabo la misión de devolver el gigante a Primera; es un tipo diferente en el fútbol mundial.


Un tipo que después de tener el resultado más macabro de 110 años de historia de uno de los clubes más importantes del mundo, sale a dar una conferencia de prensa mirando “de tú a tú” a la poderosa prensa de su país, para desmentir un rumor referido a la vida personal de sus dirigidos, y luego entrega una clase de ética periodística a los profesionales de ello, con todos los argumentos habidos y por haber para defender su subjetividad; es un tipo diferente en el fútbol intergaláctico.
Matías Almeyda es eso. Un bicho raro del fútbol argentino. Chapado a la antigua, que mira de frente, que quiere hablar de fútbol. ¿Entonces por qué es un bicho raro? Es una de las tantas incógnitas que nos entrega diariamente nuestro fútbol. ¿Por qué ser sincero es tan difícil en ‘el ambiente’? ¿Por qué hay tantas cosas oscuras? ¿Barrabravas ligados a campañas políticas? –Avísenle a CFK, que maravillosamente en plena tribuna de Boca apareció un trapo con la cara de su difunto marido; una digna postal de bizarreria- ¿Por qué un hincha tiene derecho de insultar a su técnico cuando no perdió ningún partido? –Acá me incluyo. El nivel de intolerancia ante la mala fortuna futbolera de nuestros colores, es altísimo. Si nosotros no tenemos paciencia, nunca va a existir el famoso ‘proyecto a largo plazo’.
El técnico de River, parece un bicho raro porque resalta de limpio en una laguna de barro. Si bien el pelilargo dentro de la cancha no era una carmelita descalza –No solo pegaba alguna patadita, también tenía sus arranques como contra Boca en su último súper clásico, o aquella vez que se quiso llevar a Romagnoli al vestuario para pelear después de una derrota en el Nuevo Gasómetro ante San Lorenzo-, aún en su época de jugador hacía notar esa frontalidad que lo distingue. No tomo recaudos a la hora de declarar “Verón no es mi amigo, y hay algunas cosas de él que no me cierran” en la previa de un Estudiantes – River cargado de polémica por la presencia de Cappa en el banco millonario.


Matías no solo se destacó con sus actitudes fuera de la cancha, también se destacó dentro. Jugador de Selección toda la vida, el fútbol argentino siempre lo vio pleno, y hasta sorprendió su nivel en la vuelta a River tras cuatro años de inactividad.
Figura en más de un partido, comandó desde el centro del campo el trayecto de su equipo durante dos años, aunque nada pudo hacer para evitar el amargo destino que tenía su equipo. Se fue al descenso afuera de la cancha, atrás de un arco, mirando como su equipo dilapidaba más de seis ocasiones clarísimas de gol para salvar la categoría.


Desde el mismo sector tomó las riendas de sus compañeros para que éstos pasaran a ser sus dirigidos. Como técnico aún no demostró una línea determinada de juego, aunque el cuidado de la pelota, la presión de ¾ de cancha para arriba y la verticalidad de algunos de sus jugadores son algunas de las características que parecieran ser del agrado del Almeyda entrenador.


No le tembló el pulso para sacar a los ‘nombres importantes’ de su equipo para darles continuidad a los juveniles que pedían pista desde abajo. Le dio lugar a Abecasis, Cirigliano, Ocampos y Chichizola como protagonistas principales, y también les otorgó un espacio secundario a jóvenes como  Ríos y Funes Mori (x2).  Alayes, Ledesma, Domingo, Ferrero, Vella, Vega y alguna que otra vez Domínguez, fueron quienes tuvieron las consecuencias personales del buen rendimiento de los canteranos.
Subjetivamente, en cierto aspecto me recuerda a Marcelo Bielsa. Quizá un poco más mutante que el Loco en cuanto al aspecto táctico. Claro está que sacar conclusiones cuándo Matías lleva sólo 13 partidos como entrenador, es una blasfemia. Pero permítame jugar con algunas similitudes entre estos dos personajes que le hacen bien al fútbol. Si uno repasa las primeras semanas de Bielsa como entrenador de Newell’s –Román Iutch lo hace perfectamente en “La Vida por el Fútbol – Marcelo Bielsa, el último romántico”, editorial Sudamericana- puede observar ciertas coincidencias entre el trabajo del Loco y el Pelado.


El destino se encargará de decir si este entrenador diferente, dentro y fuera de la cancha, tuvo éxito a nivel de resultados para llevar a cabo su tarea principal y luego progresar con sus objetivos. Si alguna vez estuvo cerca de imitar la carrera de Bielsa, o si sólo fue un entrenador pasajero. Aunque no será el destino quién cambiará la forma de ser de Almeyda: un tipo sincero, transparente y seguro.

Ditulis Oleh : Lucas Solís Nicolaevsky // 13:05
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