Un tipo que se va de un club en donde jugó tres meses,
anunciándoles a todos sus simpatizantes la clase de lacras que dirigen esa
institución, las promesas incumplidas y aclare la situación para ‘no lastimar a
nadie’, es un tipo diferente en el fútbol argentino.
Un tipo que se retira cuatro años, juega cinco partidos en
la cuarta división de su país –por “hobby”- , lo echan en tres y luego vuelve a
jugar como si nada hubiese ocurrido, siendo figura, líder y capitán de una de
las instituciones más representativas de América, es un tipo diferente en el
fútbol de nuestro continente.
Un tipo que se va al descenso por primera vez en 110 años de
una de las instituciones futbolísticas más representativas de América, y 24
horas después asume el rol de director del grupo que tiene a cargo llevar a
cabo la misión de devolver el gigante a Primera; es un tipo diferente en el
fútbol mundial.
Un tipo que después de tener el resultado más macabro de 110
años de historia de uno de los clubes más importantes del mundo, sale a dar una
conferencia de prensa mirando “de tú a
tú” a la poderosa prensa de su país, para desmentir un rumor referido a la
vida personal de sus dirigidos, y luego entrega una clase de ética periodística
a los profesionales de ello, con todos los argumentos habidos y por haber para
defender su subjetividad; es un tipo diferente en el fútbol intergaláctico.
Matías Almeyda es eso. Un bicho raro del fútbol argentino.
Chapado a la antigua, que mira de frente, que quiere hablar de fútbol.
¿Entonces por qué es un bicho raro? Es una de las tantas incógnitas que nos
entrega diariamente nuestro fútbol. ¿Por qué ser sincero es tan difícil en ‘el
ambiente’? ¿Por qué hay tantas cosas oscuras? ¿Barrabravas ligados a campañas
políticas? –Avísenle a CFK, que maravillosamente en plena tribuna de Boca
apareció un trapo con la cara de su difunto marido; una digna postal de
bizarreria- ¿Por qué un hincha tiene derecho de insultar a su técnico cuando no
perdió ningún partido? –Acá me incluyo. El nivel de intolerancia ante la mala
fortuna futbolera de nuestros colores, es altísimo. Si nosotros no tenemos
paciencia, nunca va a existir el famoso ‘proyecto a largo plazo’.
Matías no solo se destacó con sus actitudes fuera de la
cancha, también se destacó dentro. Jugador de Selección toda la vida, el fútbol
argentino siempre lo vio pleno, y hasta sorprendió su nivel en la vuelta a
River tras cuatro años de inactividad.
Figura en más de un partido, comandó desde el centro del
campo el trayecto de su equipo durante dos años, aunque nada pudo hacer para
evitar el amargo destino que tenía su equipo. Se fue al descenso afuera de la
cancha, atrás de un arco, mirando como su equipo dilapidaba más de seis
ocasiones clarísimas de gol para salvar la categoría.
Desde el mismo sector tomó las riendas de sus compañeros
para que éstos pasaran a ser sus dirigidos. Como técnico aún no demostró una
línea determinada de juego, aunque el cuidado de la pelota, la presión de ¾ de
cancha para arriba y la verticalidad de algunos de sus jugadores son algunas de
las características que parecieran ser del agrado del Almeyda entrenador.
No le tembló el pulso para sacar a los ‘nombres importantes’
de su equipo para darles continuidad a los juveniles que pedían pista desde
abajo. Le dio lugar a Abecasis, Cirigliano, Ocampos y Chichizola como
protagonistas principales, y también les otorgó un espacio secundario a jóvenes
como Ríos y Funes Mori (x2). Alayes, Ledesma, Domingo, Ferrero, Vella,
Vega y alguna que otra vez Domínguez, fueron quienes tuvieron las consecuencias
personales del buen rendimiento de los canteranos.El destino se encargará de decir si este entrenador diferente, dentro y fuera de la cancha, tuvo éxito a nivel de resultados para llevar a cabo su tarea principal y luego progresar con sus objetivos. Si alguna vez estuvo cerca de imitar la carrera de Bielsa, o si sólo fue un entrenador pasajero. Aunque no será el destino quién cambiará la forma de ser de Almeyda: un tipo sincero, transparente y seguro.

